Mañana hay viernes de cultura

Y tratamos de que siempre haya.  Claro que es difícil cuadrar que tengamos una persona interesada en echar su rollo o que nos quede el tiempo después de la asamblea.  A veces, preciso pasa algo que las bibliotecarias no tenían previsto (por no abrir el Learning Gateway a tiempo) o por simple cruce de horarios. Es importante decir que no pasa muy seguido esto de no tener viernes culturales.

En fin. Pensando en el viernes de mañana, ojeo / hojeo a Abad. No sólo su libro Traiciones de la memoria, sino la red misma.  Se me dio por buscar o Googlelear poemas sobre el olvido. Y les cuento que me he divertido con lo que he encontrado: Un poema de Luis Cernuda, la reseña que hace Laura García en un sitio dedicado a la literatura llamado 6 Columnas y otra reseña sobre ese mismo libro en Lecturalia. 

No hice el hipervínculo del poema porque me dieron ganas de reescribirlo (suena romántico, cierto? como cuando simplemente queremos copiar en la última hoja del cuaderno una poesía que andaba por ahí).

Y como sé que esta entrada la verán pocos (si acaso), me dan ganas de dejar aquí unos versitos míos. Eso sí ya al final… de la entrada, es decir, a la salida.

Para concluir, mañana es viernes. Es un viernes más, sí, pero si empezamos con charla y cooltura tal vez sea un poquito diferente.  Si por casualidad, alguien lee esto, ese alguien está invitado. Se llama así Abad, Borges y el olvido.

Donde habite el olvido de Luis Cernuda (español)

Donde habite el olvido,
En los vastos jardines sin aurora;
Donde yo sólo sea
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.
Donde mi nombre deje
Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
Donde el deseo no exista.
En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
No esconda como acero
En mi pecho su ala,
Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.
Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,
Sometiendo a otra vida su vida,
Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.
Donde penas y dichas no sean más que nombres,
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
Disuelto en niebla, ausencia,
Ausencia leve como carne de niño.
Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido.
Y los de Adriana, la biblogtecaria:
El olvido es
la mortaja iniciada,
el descanso suspendido,
la hoja amarilla que pisé,
la mirada que esquivé,
el libro de la semana pasada

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